Hay lugares que no aparecen en las listas de imprescindibles y, sin embargo, son capaces de resumir el alma de un país en un solo instante. Los onsen escondidos de Japón pertenecen a esa categoría. Entre montañas, bosques centenarios y antiguos caminos de peregrinación, estos baños termales invitan a conectar con un Japón silencioso donde el tiempo parece fluir al ritmo del agua caliente. Aquí tienes todos los detalles sobre esta fascinante cultura y te descubrimos cinco onsen secretos en Japón.

Qué es un onsen
Hablar de Japón es hablar de templos, jardines, gastronomía y cerezos en flor. Sin embargo, para los japoneses el onsen es una experiencia igual de esencial y cotidiana. Para entender el onsen hay que soltar la idea de que es un balneario. En Japón, sumergirse en agua termal no es un capricho de fin de semana, se trata de un acto cultural con siglos de historia, un ritual que borra la frontera entre lo cotidiano y lo sagrado.
La palabra onsen (温泉) significa ‘agua caliente’ y ‘manantial’. En esas dos ideas se condensa la creencia japonesa de que la tierra ofrece un beneficio al cuerpo y al espíritu, y que recibirlo es cuestión de disposición, silencio y respeto.
La cultura del baño en Japón tiene raíces en el budismo, que llegó desde China y Corea en el siglo VI. Los monjes usaban las aguas termales en rituales de purificación. Con el tiempo, la práctica se extendió a la nobleza, los samuráis y al pueblo llano.
Agua, vapor y algo más
Hoy, los japoneses van al onsen como otros pueblos van a la iglesia o al mercado, con la misma naturalidad y el mismo sentido de que hay algo esencial en ese gesto. En el sintoísmo, la religión nativa del archipiélago, la pureza lo es todo, y el agua es el canal principal para alcanzarla. Así, sumergirse en estas aguas medicinales es un ritual de desintoxicación tanto para el cuerpo como para el espíritu, un concepto que los locales llaman hadaka no tsukiai o ‘comunión al desnudo’, donde caen las clases sociales, las apariencias y las preocupaciones del día a día.
Conectar con la naturaleza
Gracias a la intensa actividad volcánica del país, Japón cuenta con miles de fuentes termales repartidas por todas sus islas, desde Hokkaido hasta Kyushu. Muchas de ellas han dado origen a pequeños pueblos donde la vida gira desde hace siglos alrededor del agua caliente.

La tradición atribuye propiedades terapéuticas a las distintas composiciones minerales del agua. Algunas son ricas en azufre y presentan un característico color blanquecino; otras contienen hierro, sodio o bicarbonatos, cada una con propiedades diferentes para la piel y el organismo. Cuentan que cada composición trata dolencias diferentes: la artritis, la hipertensión, los problemas de piel, el agotamiento… Que sea medicina o leyenda es una pregunta que el viajero puede hacerse mientras se hunde en el agua hasta los hombros en uno de los cinco onsen secretos de Japón que te vamos descubrir.
Pero quizá el mayor valor de un onsen sea el entorno. Muchos se encuentran en profundos valles boscosos, junto a ríos de montaña o al pie de volcanes activos. Bañarse mientras cae la nieve, contemplar un bosque teñido por el otoño o escuchar tan solo el sonido del agua constituye una experiencia difícil de olvidar.
Tipos de onsen
Quien se acerca a un onsen por primera vez puede verse algo abrumado por la variedad de opciones.
Rotenburo. Es un baño al aire libre donde el vapor se eleva entre árboles nevados, montañas de fondo y silencio. Es la imagen que muchos viajeros tienen en mente cuando sueñan con Japón y uno de los onsen más apreciados por las vistas mientras se disfruta del contrate térmico.
Uchiyu o Uchinoyu. Baños ubicados en espacios interiores. Suelen ser más grandes, techados y climatizados. Las bañeras son de madera de ciprés o piedra tallada y, a veces, están iluminados por lamparillas.
Kashikiri. Baños privados que se reservan por horas y que resultan ideales para parejas o familias.
Konyoku. Baños mixtos, una tradición que sobrevive en las zonas rurales y que puede resultar sorprendente para el viajero occidental.
Higaeri. Grandes complejos de ocio termal donde se puede pasar el día entero. Dispone de varios tipos de aguas, zonas de descanso y restaurantes sin necesidad de pernoctar. Como imaginarás, estos no forman parte de nuestra lista de onsen secretos, pero debes saber que también existen.

Ryokan, el onsen con alojamiento
La forma más completa de vivir un onsen es alojarse en un ryokan, la posada tradicional japonesa. Aquí, todo está pensado para que el tiempo se detenga. Las habitaciones son de tatami, con futones que se extienden sobre el suelo al llegar la noche; las ventanas dan a jardines o a bosques; la cena, llamada kaiseki, es un ritual en sí mismo, una sucesión de platos pequeños y perfectos preparados con ingredientes de temporada. Los baños están disponibles hasta bien entrada la noche y desde el amanecer. Muchos viajeros descubren que lo que más recuerdan de Japón no es ningún templo ni ningún jardín: es el momento en que el agua caliente los envolvió por primera vez y el mundo exterior dejó de importar.

Normas básicas para entrar en un onsen
Aunque visitar un onsen resulta sencillo, es imprescindible conocer de antemano algunas normas que forman parte de la etiqueta japonesa. El onsen tiene su propio código no es escrito y, aunque no es rígido, respetarlo forma parte de la experiencia que vas a vivir. Si eres una persona pudorosa en extremo, quizá el onsen no sea para ti.
- Antes de entrar al agua hay que lavarse a conciencia en las duchas individuales que se encuentran junto a las bañeras. Y no, no es opcional. En los vestuarios siempre hay duchas individuales con un taburete donde cada persona debe lavarse. El objetivo es que estés completamente limpio antes de rozar el agua del onsen. Como decíamos más arriba, para los japoneses es un ritual de purificación.
- Una vez completamente lavado, ya se puede pasar al onsen. Eso sí, el baño se realiza desnudo, nada de trajes de baño. Aunque al principio pueda sorprender a los viajeros occidentales, en Japón se vive con absoluta naturalidad.
- Y, ojo, porque las toallas grandes no entran al baño, solo puedes llevarte la toalla pequeña que te entregan, pero no debe tocar el agua. La tradición manda dejarla sobre una roca o ponérsela sobre la cabeza, doblada, una imagen muy característica de los baños termales japoneses.
- Después de la inmersión es necesario hidratarse bien y moverse despacio, porque el cuerpo habrá entrado en un estado de calma que merece ser respetado.
- También debes saber que en muchos establecimientos los tatuajes siguen siendo un tema tabú por su antigua asociación con la mafia yakuza. No obstante, cada vez son más los onsen que aceptan visitantes extranjeros aunque lleven tinta en la piel, o bien, ofrecen unos parches especiales para cubrirlos. Aun así, no olvides consultar previamente las normas del establecimiento.
- Para terminar, una norma no escrita que los veteranos del onsen conocen bien: el silencio compartido es una forma de hospitalidad. El onsen es un lugar pensado para descansar, contemplar el paisaje y disfrutar del silencio.

Curiosidades que hacen únicos los onsen
Existe un viejo proverbio japonés que afirma que un buen baño caliente puede curar tanto el cuerpo como el ánimo. Quizá por eso muchas familias visitan el mismo onsen generación tras generación.
En algunos pueblos termales aún se hierven huevos en las aguas calientes naturales. En otros, los gatos duermen plácidamente junto a las fuentes de vapor durante el invierno. Incluso, hay monos salvajes que aprendieron hace décadas a combatir el frío bañándose en aguas termales y hoy son una de las estampas más conocidas de Japón.
Sin embargo, cuanto más nos alejamos de los destinos turísticos, más fácil resulta descubrir pequeños baños donde apenas coinciden viajeros extranjeros. Precisamente esos lugares son los protagonistas de esta selección en la que te descubrimos cinco onsen secretos en Japón. ¡Empezamos!
1. Tsurunoyu Onsen, refugio legendario del norte de Japón
En las montañas de la prefectura de Akita, en la región de Tohoku, se esconde un conjunto de siete posadas termales que los japoneses llaman con una palabra que define bien lo que son: hitoh, manantiales secretos. El más antiguo y más célebre de todos ellos es Tsurunoyu (aguas de la grulla). Su nombre procede de una leyenda con más de trescientos años que cuenta que un cazador llamado Kansuke se encontró a una grulla herida y curó sus heridas en este manantial. Desde entonces, el lugar lleva el nombre del pájaro.

Cómo llegar
La forma más sencilla es viajar en el tren bala. Desde Tokio, el Shinkansen Akita llega a la estación de Tazawako en unas tres horas. Desde allí, hay que coger el autobús Ugo Kotsu con destino a Nyuto Onsenkyo. Para llegar a Tsurunoyu, lo más cómodo es bajar en la parada de Alpa Komakusa y tomar el transporte privado del ryokan, que hay que reservar con antelación. Los últimos kilómetros del camino se adentran en espeso bosque que te impresionará.
Un baño que parece detenido en el periodo Edo
La historia de Tsurunoyu va más allá de la leyenda. En 1638, el segundo señor feudal de Akita, Satake Yoshitaka, visitó estas aguas para recuperarse de sus dolencias. Todavía se conserva el puesto de guardia donde se alojaba el samurái que velaba por su seguridad: un pequeño edificio de madera que el tiempo ha vuelto casi parte del bosque, tan discreto como el propio onsen. Más tarde, en el período Genroku —finales del siglo XVII—, el lugar abrió sus puertas al público hasta hoy. Ha tardado siglos en ser descubierto por el turismo internacional y, aun así, mantiene un perfil que lo separa de los grandes circuitos.
El ryokan de Tsurunoyu es todo lo que uno podría desear de una posada japonesa de montaña: techos de paja, paredes de madera oscura, pasillos donde el suelo cruje bajo los pies, habitaciones con hogar de carbón (irori) y sin televisión. Hay cuatro baños, cada uno alimentado por un manantial de composición diferente. El más conocido es el gran rotenburo exterior, donde el agua adopta un color entre blanco y azulado, turbio de azufre y sales minerales, que convierte la inmersión en algo que parece sacado de un grabado del período Edo. En invierno, cuando la nieve cubre los árboles que rodean la piscina hasta convertirlos en siluetas, el lugar alcanza una belleza que bordea lo irreal.
El pase Yumeguri permite visitar los siete onsen del valle en un mismo día, una forma de hacer que la jornada entera discurra entre aguas y bosque, de manantial en manantial, como quien sigue el cauce de un río que va cambiando de color.
Consejo de viajero a viajero
Reserva con varias semanas de antelación, sobre todo, si quieres las habitaciones del edificio original del período Edo. La nieve en esta región llega a superar los dos metros en invierno, y la imagen del rotenburo bajo la nevada es de esas que no se olvidan. Si puedes, quédate a cenar y degusta el yamanoimo nabe, un guiso de montaña que sirven en exclusiva a los huéspedes y es parte de la experiencia.
2. Yunomine Onsen, el único baño termal Patrimonio de la Humanidad
Hay lugares que el tiempo no toca porque algo en ellos se lo impide. Yunomine Onsen, escondido en un pliegue de los montes Kii, en la Península de Wakayama, es uno de ellos. Se dice que sus aguas brotan desde hace unos 1.800 años, lo que lo convierte en uno de los manantiales termales habitados más antiguos del planeta. Pero lo que realmente separa a Yunomine del resto es su vínculo indisoluble con la espiritualidad japonesa.

Cómo llegar
Desde Osaka, el tren JR Kuroshio tarda unas dos horas en llegar a la estación de Kii-Tanabe. Aquí, puedes coger un autobús local que serpentea por el corazón espiritual de la península hasta el Kumano Hongu Taisha y, después, enlazar hasta Yunomine Onsen. Este recorrido te llevará unas dos horas. Otra forma de llegar es caminando a través de las rutas milenarias del Kumano Kodo. Tú decides.
El onsen más antiguo del mundo en la ruta sagrada de Kumano Kodo
El pueblo forma parte de la ruta de peregrinación Kumano Kodo, una red de caminos sagrados que conecta tres grandes santuarios sintoístas en los montes Kii, y que en 2004 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La conexión no es circunstancial.
Durante siglos, los peregrinos que caminaban hacia el santuario de Kumano Hongu Taisha se detenían en Yunomine para purificarse en sus aguas antes de aproximarse al lugar sagrado. El agua caliente tenía una función ritual que el agua fría de los ríos no podía cumplir. Las abluciones termales de Yunomine se siguen realizando hoy, en los festivales de primavera, con trajes tradicionales y niños transportados en hombros para que sus pies no toquen el suelo.
La estrella indiscutible del lugar es el Tsuboyu, una pequeña cabaña de madera construida sobre el propio río, que alberga un baño en el que caben, en el mejor de los casos, dos personas. Es el único onsen del mundo con reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad. Sus aguas, según cuenta la leyenda, cambian de color hasta siete veces a lo largo del día, pasando por tonos que van del verde al rojo, según la composición mineral y la temperatura. El acceso es por turno, en franjas de treinta minutos, con un sistema de ticketing en la propia ventanilla del baño público del pueblo. La espera puede ser larga, pero nadie parece impaciente: el ritmo de Yunomine es el del peregrino, no el del turista.
Junto al río hay también un espacio de cocción pública llamado Yuzutsu, donde los lugareños y los visitantes hierven huevos y verduras directamente en el agua termal, a casi 90º C. Es una de esas escenas humildes y perfectas que solo existen en los lugares donde la tierra y la vida cotidiana todavía conversan.
Consejo de viajero a viajero
Llegar al atardecer y quedarse a dormir en uno de los pequeños minshuku del pueblo es la forma más auténtica de vivirlo. Por la mañana, cuando el vapor sube del río y los lugareños sacan sus huevos al Yuzutsu antes del desayuno, tiene una poesía que ninguna visita de día puede capturar. Compra el ticket del Tsuboyu en cuanto llegues, anota tu número de turno y ve a explorar el pueblo mientras esperas: no es grande, pero cada rincón merece una pausa.
3. Shibu Onsen, viaje en el tiempo por los Alpes Japoneses
En el corazón de los Alpes japoneses, donde las montañas se agrupan como si quisieran proteger algo frágil, existe un pueblo de calles empedradas tan estrecho que apenas cabe en él la luz del mediodía. Shibu Onsen lleva más de mil años siendo parada de peregrinos. Los que recorrían la ruta entre la ciudad de Nagano y el templo Zenkoji se detenían aquí para descansar y bañarse antes de continuar. Esa función de refugio en el camino está impresa en la arquitectura del lugar, en la manera en que los ryokan se alinean a lo largo de la calle principal como si todavía estuvieran esperando a alguien.
Cómo llegar
Desde Tokio, el tren Hokuriku Shinkansen llega a Nagano en unos 80 minutos. Ahí debes coger el tren Nagano Dentetsu hasta la estación de Yudanaka (unos 45 minutos). En autobús o taxi estarás en Shibu Onsen en unos minutos. El trayecto total desde Tokio es de menos de dos horas y media. Si prefieres caminar, te plantarás en el pueblo en unos 20 minutos.
El pueblo termal donde los monos también se bañan
Shibu Onsen es un laberinto de callejones empedrados y farolillos de papel que cobra vida al caer la noche. En sus calles guarda un auténtico tesoro. El pueblo cuenta con nueve fuentes de aguas termales públicas (sotoyu), cada una con propiedades minerales y medicinales distintas, desde la buena fortuna hasta la protección contra las enfermedades oculares o la recuperación de la fatiga.
Los huéspedes de las posadas reciben una llave maestra que les permite entrar a las nueve casetas de baño repartidas por el pueblo. Los viajeros caminan de una a otra ataviados con su yukata (quimono de algodón) y sus geta (chanclas de madera) para bañarse en cada una de ellas. A la salida, estamparán un sello en una toalla especial, la junyoku, y cuando se completa el recorrido se pueden subir las escaleras del templo Onsen-ji para pedir la protección de los dioses y recibir la longevidad.

Pero el entorno de Shibu guarda un secreto que ningún otro onsen de esta lista puede presumir. A diez minutos de autobús desde el pueblo, se encuentra Jigokudani, el Valle del Infierno, donde un grupo de unos 150 macacos japoneses se baña en aguas termales naturales desde 1963.
Todo comenzó cuando un macaco joven cayó por accidente en el agua caliente de un baño y no salió corriendo. Sus compañeros lo vieron e imitaron su conducta. Con el tiempo, el hábito se extendió a toda la tropa y se convirtió en tradición. Una portada de la revista Life en 1970 lo mostró al mundo y, a partir de entonces, la imagen de un macaco empapado, sereno, con el frío nevado alrededor y el vapor envolviéndolo se ha convertido en un icono de Japón, tanto como los cerezos en flor.
Lo que pocos viajeros saben es que, desde Shibu Onsen, la llegada al parque de los macacos es inolvidable. El sendero que sube desde el pueblo atraviesa un bosque de hayas y cedros, con el río Yokoyu sonando debajo, y el vapor que sube de los manantiales crea una atmósfera que, en invierno, parece sacada de una novela de Kawabata.
Consejo de viajero a viajero
Si vas en invierno, sal al rotenburo de madrugada. El silencio y el frío hacen que el agua parezca más caliente, el vapor más denso, las estrellas más cercanas. Y cuando vayas al parque de los macacos, hazlo a primera hora: los monos están más activos y los turistas todavía duermen. La jerarquía del grupo determina quién puede bañarse primero, una política interna que resulta fascinante observar.
4. Aoni Onsen, donde las noches se iluminan con lámparas de aceite
Imagina un lugar donde el teléfono móvil pasa a ser un pisapapeles inútil porque la cobertura no llega, la señal de wifi es una utopía y, lo más sorprendente, no hay un solo enchufe ni bombilla eléctrica en todo el recinto. Ese lugar es Aoni Onsen, cuya filosofía se basa en la ausencia, en lo que falta. Aquí solo hay madera, agua y, al caer la noche, más de cien lámparas de aceite que iluminan los pasillos, los baños y el comedor con una luz que parpadea y que tiene la cualidad de hacer que el tiempo se mueva despacio.

Cómo llegar
Desde Hirosaki, tren de la línea Konan Railway hasta Kuroishi (unos 35 minutos). Aquí, hay coger un autobús hasta la parada de Nijinoko Koen (unos 40 minutos, con frecuencia variable). Después, el autobús gratuito de la posada, con cuatro salidas diarias en verano, te llevará a Aoni Onsen en unos 20 minutos. En invierno, el autobús sale desde la estación de Kuroishi. Es imprescindible reservar el autobús al hacer la reserva del ryokan. También se puede acceder en coche desde Hirosaki en una hora más o menos.
El onsen más desconectado de Japón en las montañas de Aomori
Aoni Onsen se abrió en 1929 en un barranco profundo y boscoso del macizo de Minami Hakkoda, entre la ciudad de Hirosaki y el lago Towada, en la prefectura de Aomori. El riachuelo Aoni corre por debajo de las ventanas. El sonido del agua es constante. El edificio principal, de estilo sukiya (materiales naturales sin refinar), está rodeado de bosque. En invierno, cuando la nieve lo cubre todo y el acceso solo es posible mediante el autobús privado de la posada, el lugar parece fuera del mundo.
Dispone de cuatro baños con personalidad propia. El Kenroku no Yu, de madera de hiba —un ciprés japonés con propiedades antibacterianas—, huele a bosque húmedo y está iluminado por dos lámparas. El Takimi no Yu tiene vistas a una cascada que, en primavera, devuelve el deshielo de las cimas. El Uchiyu, el más reciente, conserva todavía el aroma intenso de la madera nueva. Y el rotenburo exterior, de piedra oscura, que es el único mixto. Aunque hay franjas horarias reservadas para mujeres, el resto del tiempo es de todos. Ver las estrellas desde ahí, sin contaminación lumínica a decenas de kilómetros a la redonda, es otro argumento para quedarse a dormir.
La cena se sirve en el comedor común, bajo las lámparas. Los ingredientes son los de la montaña y el río: verduras silvestres, pescado del Aoni, guisos de temporada. Todo el mundo come en la misma mesa: japoneses mayores, viajeros solitarios, parejas… aunque apenas se conocen, pero la ausencia de pantallas hace que la conversación entre desconocidos sea inevitable.
Consejo de viajero a viajero
Lleva una linterna. Cuando las lámparas de aceite se apagan a medianoche y quieres ir al rotenburo a bañarte bajo las estrellas, el camino entre el edificio principal y los baños exteriores está a oscuras. Lleva champú y acondicionador propios: lo que provee la posada es básico, y el agua de Aoni, rica en minerales, es generosa con la piel pero exigente con el pelo.
5. Hoshi Onsen Chojukan, un baño histórico entre montañas
Hablar de onsen con historia es remontarse más de un siglo atrás. En el caso del Hoshi Onsen Chojukan, en la prefectura de Gunma, nada mensos que 1.200 años. La leyenda atribuye estas aguas a un monje budista japonés, tras cuyo rezo brotaron y el lugar fue bautizado como Hoshi (estrella) después de que una estrella cayera del cielo en ese mismo punto. El edificio principal data de los años setenta del siglo XIX, en plena era Meiji, y ha sido declarado Bien Cultural Tangible por el gobierno japonés. Dos construcciones anexas comparten esa misma protección.

Cómo llegar
Desde Tokio, el Joetsu Shinkansen llega a la estación de Jomo-Kogen en unos 70 minutos. Desde allí, hay que coger un autobús hasta la parada de Sarugakyo (unos 30 minutos) y hacer transbordo a un autobús local hasta Hoshi Onsen (15 minutos adicionales). El trayecto total desde Tokio ronda las dos horas. En coche, unos 40 minutos desde la autopista Kan-Etsu, salida de Tsukiyono. El ryokan cierra los miércoles.
Onsen con 1.200 años de historia y aguas que nacen de la tierra
El ryokan se asienta en un valle de la región de Minakami, dentro del Parque Nacional Joshin’etsukogen, junto al río Hoshi. Los bosques que lo rodean cambian de cara con las estaciones: el verde denso del verano, los amarillos y rojos del otoño, el blanco inmóvil del invierno. Escritores y pintores japoneses del siglo XX venían a trabajar aquí, buscando ese silencio que no se encuentra en ninguna ciudad. El hogar de carbón junto a la entrada, donde los huéspedes se reúnen a tomar té al llegar, es el primer gesto del ryokan hacia el visitante.
El baño principal, el Hoshi no Yu, es una rareza técnica que lo distingue de casi todos los onsen del país. El agua termal sube a través del suelo de guijarros del fondo de la bañera, sin bombas, sin tuberías de metal, sin mezcla de agua fría. Es uno de los escasos establecimientos del mundo construidos sobre el nacimiento del manantial. El agua brota a temperatura natural, transparente en su punto de origen y se puede ver cómo asciende entre las piedras.
El Hoshi no Yu es un baño mixto, aunque hay franjas reservadas para mujeres. Los baños adicionales, el Tamaki no Yu con su estructura de ciprés y rotenburo exterior, y el Choju no Yu junto al río, completan una oferta que en otro contexto parecería abundante, pero aquí encaja en el ritmo pausado de la posada.
Consejo de viajero a viajero
Si no te quedas a dormir, el baño de día está disponible de 10:30 a 13:30, pero el cupo es limitado y los fines de semana y festivos la recepción puede cerrar antes. Llama siempre antes. Y si puedes elegir, quédate a cenar. La cocina de Chojukan trabaja con ingredientes de la región de Gunma, como la vaca Joshu, el cerdo de cebada o el sake local, y con una atención que convierte este momento en otra forma de onsen, lenta y reconfortante.
El agua te espera
En algún lugar de las montañas japonesas, ahora mismo, el agua está caliente. Está brotando de la tierra, llenando una bañera de piedra o de madera de ciprés, envuelta en vapor. No espera a nadie en particular, pero cuando alguien llega, lo recibe con esa hospitalidad silenciosa que no necesita palabras. El onsen no es un destino, es un estado. Y una vez que se ha conocido, es difícil viajar a Japón sin buscarlo, sin desear ese momento en que el agua caliente rodea el cuerpo y todo lo que parecía urgente deja de serlo.
Estos cinco onsen no son los más famosos, no aparecen en las primeras páginas de los buscadores ni en las listas de los influencers. Son los que merecen ser encontrados. Los que guardan algo que no se puede fotografiar del todo y quizá, por eso, vale la pena visitar.
Foto de apertura: Shell_Ghostcage Pixabay.
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