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Viaje por las ruinas mayas de Centroamérica

10 marzo, 2026

Si buscas una aventura fuera de las rutas típicas, te invitamos a emprender un viaje por las ruinas mayas de Centroamérica. En los tesoros arqueológicos de Honduras y El Salvador aún resuena el eco de las ciudades perdidas entre volcanes, profundas selvas y cielos infinitos. Cada rincón de estos destinos fuera del radar es una inmersión en culturas milenarias que revelan la vida cotidiana y el esplendor de una civilización fascinante.

Marcador en juego de pelota, Copán. Foto: DEZALB – Pixabay.

Ruinas mayas desconocidas

La región centroamericana es una tierra donde los restos de civilizaciones precolombinas conviven con la herencia hispánica y su naturaleza exuberante abraza pirámides y templos. En relativamente pocos kilómetros, conviven estos vestigios y ciudades de herencia hispánica con parques naturales poco explorados, playas paradisíacas y una cadena de volcanes que modela el paisaje.

Para entender este territorio, hay que mirar hacia la cultura náhuatl, un grupo de pueblos nativos de Mesoamérica, entre los que dominaron los aztecas, cuyo nexo común era el idioma. La lengua náhuatl, de la que llegaron a existir hasta 60 dialectos según los expertos, se extendió desde México hasta Costa Rica, dejando su huella en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.

Legado nahua

La profunda huella cultural en la región de los pueblos nahua se debe a que, entre los siglos V y XIII, su idioma se convirtió en la lengua franca en lugares como Cuzcatlán, en El Salvador, y diversas zonas de Honduras. Hoy, esta herencia sigue viva en el nombre de sus cerros, sus comidas y la piedra labrada de sus ancestros.

Con este trasfondo histórico comienza este viaje por las ruinas mayas de Centroamérica, que tienen su máximo exponente en auténticos tesoros arqueológicos de Honduras y El Salvador. Una maravilla que aún está fuera del radar del turismo masificado y en Rutas 10 hemos explorado para ofrecerte un recorrido único y sorprendente.

Ruinas mayas en Honduras

Templo en Copán. Foto: Alex Schwab – Flickr.

Honduras enamora por la grandiosidad y el refinamiento de uno de los sitios arqueológicos mayas más importantes del planeta. Es un país de contrastes, que combina costas caribeñas, bosques nublados, ciudades coloniales y, en su occidente, las legendarias ruinas de Copán. También conocidas como el ‘París del mundo maya’, destacan por la finura de su arte escultórico. A diferencia de la monumentalidad de otras ciudades mayas, Copán deslumbra por la calidad artística de su estelas, altares y relieves.

Copán, el arte del jeroglífico

En nuestro viaje por las ruinas mayas de Centroamérica, si existiera un lugar donde las piedras hablaran, ese sería Copán. Recorrer este parque arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980, es una experiencia difícil de olvidar: templos, pirámides, plazas y estelas esculpidas con retratos de sus gobernantes se suceden entre la vegetación tropical.

Qué ver en Copán

El pueblo de Copán Ruinas, con sus calles empedradas y arquitectura colonial, es la antesala perfecta para este encuentro con la historia y donde anidan las guacamayas rojas, que se han convertido en un símbolo cultural. Cafeterías, museos y talleres artesanales junto a hoteles familiares crean un ambiente acogedor para los viajeros que quieren explorar la zona con calma.

Altar en la Gran Plaza, Copán. Foto: DEZALB – Pixabay.

1. Gran Plaza

Sus estelas son retratos tridimensionales de reyes tallados con una precisión que desafía a los siglos. Cada estela narra la historia de un gobernante (victorias, alianzas y conexión con lo divino) con una maestría técnica tal que convierte estos grandes monolitos en un auténtico libro sobre la historia maya del lugar.

2. Escalinata de jeroglíficos

Es uno de los monumentos más extraordinarios de la civilización maya y está considerada el texto escrito más extenso que se conoce de esta cultura. Más de 2.000 glifos esculpidos en los 72 escalones narran la historia dinástica de Copán durante varios siglos. Descifrarlos ha sido uno de los grandes logros de la epigrafía maya moderna y se pueden contemplar bajo una cubierta que los preserva del paso del tiempo.

3. Acrópolis y túneles

Es el área sagrada del sitio. Un complejo de templos y estructuras ceremoniales entre las que destaca el Templo Rosalila, que fue encontrado casi intacto en el interior de una pirámide. Los túneles excavados bajo la acrópolis permiten adentrarse en las entrañas del sitio y contemplar su pintura roja original, conservada en excelente estado.

4. El Rastrojón

En una colina cercana al núcleo monumental, se encuentra este espacio residencial que ofrece una visión sobre cómo era la vida cotidiana de los dirigentes y cómo lidiaban con los retos geológicos del terreno.

Santuario de las guacamayas rojas. Foto: Erik Clever Kristensen – Flickr.

5. Reserva Macaw Mountain

Cerca de las ruinas, este santuario natural es famoso por su labor de conservación y rehabilitación de aves nativas de Honduras, en especial de las guacamayas rojas, animal sagrado para los mayas y hoy símbolo de Honduras. Caminar por sus senderos rodeados de vegetación tropical permite observar aves exóticas en libertad y entender la relación que las antiguas civilizaciones mantenían con la naturaleza. Ver a sobrevolar el valle a las guacamayas rojas, sin duda, es uno de los momentos más memorables de la visita.

Ruinas mayas en El Salvador

Parque Arqueológico Cihuatán. Foto: Gerson Rodriguez – Pixabay.

Es el país más pequeño de la región, pero en nuestro viaje por las ruinas mayas de Centroamérica, en El Salvador no echarás nada de menos. Su falta de extensión la compensa con una riqueza natural e histórica impresionante. Su territorio volcánico, modelado por erupciones que se cuentan por miles de años, custodia tesoros arqueológicos que ofrecen una perspectiva única de la civilización maya. La cultura nahua, a través de los pipiles, dejó también una huella profunda que se rastrea en sus tradiciones y los nombres de sus pueblos.

Qué visitar en El Salvador

Los grandes yacimientos del país son accesibles desde la capital, San Salvador, o desde la colonial Santa Ana, con un ambiente auténtico y tranquilo, y muchos de ellos cuentan con museos que enriquecen la visita. Se concentran en la parte occidental y el centro del país, en los departamentos de Santa Ana y La Libertad.

Temazcal o baño de vapor en Cihuatán. Foto: Steven dosRemedios – Flickr.

1. Joya de Cerén

A unos 45 km de Santa Ana, se trata de un yacimiento arqueológico único en el mundo. Declarado Patrimonio de la Humanidad, no alberga palacios ni pirámides, pero sí algo más revelador: las viviendas y espacios cotidianos de un poblado agrícola maya muy bien conservados bajo 14 capas de ceniza volcánica. En torno al año 600, la súbita erupción del volcán Loma Caldera lo sepultó sin que los habitantes tuvieran tiempo de recoger sus pertenencias. Esta catástrofe permite caminar hoy entre las viviendas, las cocinas, los talleres y los campos de cultivo tal como estaban en aquel instante. Esta es la razón por la que el sitio se conoce como la ‘Pompeya de Centroamérica’.

Ruinas de San Andrés. Foto: Erik Clever Kristensen – Flickr.

2. San Andrés

Situado a 5 km de Joya de Cerén, este yacimiento sorprende por la amplitud de su acrópolis, donde los ancestros nahuas realizaban rituales reservados a la élite gobernante. Este importante centro ceremonial y político mantuvo vínculos comerciales con la lejana Copán, confirmando la red de intercambio comercial y cultural que conectaba toda la región. Una curiosidad del lugar es que los monumentos coexistían con otras estructuras precolombinas como un antiguo molino dedicado a producir índigo, el ‘oro azul’ que marcó la economía colonial siglos después.

3. Cihuatán

Desde San Salvador, se tarda alrededor de una hora en coche (38 km). Su historia comienza tras el misterioso ‘colapso maya’ del siglo IX, que la convirtió en una poderosa capital entre los años 900 y 1.200. El yacimiento cuenta con más de 160 estructuras catalogadas, que incluyen pirámides, templos circulares dedicados al culto de Quetzalcóatl-Ethécatl (dios del viento), baños de vapor o temazcales y varios juegos de pelota. El sitio está dividido en varias áreas, entre ellas, la Terraza Poniente, posiblemente un gran mercado, y dos centros ceremoniales, uno de ellos el tecpán o palacio real. Se cree que una muralla protegía el corazón de la ciudad en una época de grandes conflictos regionales.

4. Tazumal

A unos 14 km de Santa Ana (15 minutos en coche), este yacimiento acoge la pirámide más alta de El Salvador, con 24 m de altura. Es uno de los asentamientos más longevos de la región con una ocupación que se remonta a más de 5.000 años, aunque su esplendor arquitectónico se corresponde con el periodo clásico maya. Llama la atención su complejo sistema de drenaje, que demuestra la avanzada ingeniería de sus constructores. El complejo incluye un juego de pelota, práctica ritual con gran peso simbólico en la cosmovisión mesoamericana. Se cree que el resultado de los partidos tenía implicaciones religiosas y políticas que podían costar la vida a los participantes.

Museo de Tazumal. Foto: Roberta Stardust – Flickr.

5. Casa Blanca

A apenas 1 km de Tazumal, este sitio arqueológico sorprende tanto por sus pirámides como por la calidad de su museo, donde los objetos encontrados durante las excavaciones cobran vida con explicaciones detalladas. La cercanía entre los dos yacimientos permite una visita conjunta, que servirá para entender la magnitud de lo que fue este centro de poder prehispánico.

Otros yacimientos de interés

6. Santa Leticia

Subiendo desde Santa Ana hacia la zona de los cafetales, a unos 50 km se encuentra este yacimiento que guarda uno de los mayores misterios de la arqueología salvadoreña. Se trata de unos monumentos de piedra que representan figuras humanas de formas redondeadas y expresión enigmática. Se les conoce como ‘gorditos’, pero no se sabe con certeza su función exacta, si bien se cree que pudieron tener un papel ritual o conmemorativo. El entorno, entre cafetales y montañas cubiertas por la niebla, añaden un plus de misterio a esta visita especial y diferente.

7. Quelepa

Lejos de los circuitos más transitados, en la zona oriental del país (departamento de San Miguel), y a unos 165 km de Santa Ana, este lugar evidencia una larga ocupación humana. Aunque es menos monumental que otros yacimientos, su arquitectura y materiales muestran influencias de culturales diferentes. Es un lugar idóneo para viajeros que quieren salirse del camino marcado para visitar un centro ceremonial y un juego de pelota.

Todos estos yacimientos arqueológicos no compiten en fama con los de México o Guatemala, pero su autenticidad los hace irresistibles. El turismo masivo aún no ha dejado su huella en este viaje a las ruinas mayas de Centroamérica, así que prepara tu mochila, Honduras y El Salvador te están esperando.

Foto apertura: Estelas en Copán. Luis Adrián Rojas Yáñez – Flick.

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