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Diez imprescindibles: qué ver en Bután

25 marzo, 2025

La leyenda dice que en ese pequeño reino aún se ocultan los dragones en los vertiginosos picos del Himalaya. Aquí, hombres y mujeres pasean por las empinadas calles vistiendo su colorido ropaje tradicional, la religión forma parte del día a día, y el bienestar se mide con el metro de la felicidad. Te invitamos a un viaje único en este recorrido por los diez imprescindibles del Reino del Dragón: te contamos qué ver en Bután

Es posible que ya sepas que la histórica ciudad de Paro y el Nido del Tigre te van a maravillar. También que sueñes con atesorar imágenes de Timbu y Punakha. Pero al margen de este cuarteto de maravillas, Bután cuenta con otras joyas menos conocidas.

Y es que no hace mucho que el pequeño reino del Himalaya se ha abierto al turismo. Una decisión que aún mantiene su gobierno limitando la visita de viajeros para proteger la belleza de sus 40.994 km² de superficie y la identidad de sus 800.000 habitantes.

Foto: Rutas 10

Bután, un país único

Escondido en un pliegue de la cordillera más alta de la Tierra, su ubicación y orografía no solo ha contribuido a su histórico aislamiento, también a alimentar el orgullo por una cultura y forma de vida únicos, que ha defendido contra viento y marea, de forma muy manifiesta desde mediados del siglo pasado. Y como muestra de singularidad, podemos señalar que posiblemente Bután sea el único país del mundo donde no verás un semáforo para regular el tráfico. 

Solo así se explica su supervivencia del diminuto reino entre dos de las naciones más poderosas del mundo: la India, al sur (de la que se independizó en 1949) y China, al norte. Y un objetivo al que ha contribuido su estabilidad política bajo el régimen de monarquía democrática.

Desde 1907, reina la dinastía Wangchuck, primero bajo el protectorado británico y luego con total independencia. El actual ‘rey dragón’ es Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, que accedió al trono en 2006, aunque no fue coronado hasta 2008.

Su mandato ha dado continuidad a la idea de sus antecesores, que en 1972 introdujeron un nuevo modelo de medición del progreso, el Índice de Felicidad Nacional Bruta. La decisión trataba de contrarrestar las críticas por la pobreza del país, pero sirvió de llamada de atención al resto del mundo reivindicando otros baremos de bienestar con una visión más holística. Una medición coherente con una sociedad agraria y budista como la butanesa.

El budismo, culto que procesa el 75% de la población, es otra de las peculiaridades de Bután. Aunque el país cuenta con libertad religiosa, de hecho, la población hinduista y musulmana es importante, el budismo tántrico lo impregna casi todo y sin su influencia no se puede entender su música, teatro o danza.

Estas tres artes son protagonistas de los festivales Tsechu, una de las expresiones más bellas de la cultura del país que el visitante puede experimentar. Consagradas a Padmasambhava, el Segundo Buda, estas celebraciones sobre todo tienen lugar en primavera y otoño, siendo el festival Tsecho de Paro uno de los más interesantes para conocer.   

Foto: Anilsharma26 en Piabay

Qué ver en Bután 

Pero, por interesante que sea, la visita a Bután no necesita de mayor incentivo que conocer un país fascinante. A modo de aperitivo, iniciamos ahora un recorrido por los diez mayores atractivos: descubre qué ver en Bután.  

1- Monasterio de Taktshang (Nido del Tigre), en Paro

Foto: Bhutanbound en Pixabay

Es el icono más fotografiado y reconocible del país. La ascensión hasta esta joya arquitectónica agazapada a 3.120 metros de altura se convierte ya en una aventura. Una buena idea es aprovechar el esfuerzo que exige para enriquecer su visita con una visión espiritual, tal como el pueblo tibetano viene haciendo desde finales del siglo XVII, cuando junto a este impresionante acantilado se instaló de forma organizada una comunidad religiosa.

Bosques, molinos de oración, miradores y ¡alguna cafetería!, jalonan una caminata apta para todos los públicos, y que todos disfrutarán. La escalinata final es la antesala para preparar el impacto de la visión de los cuatro templos principales y las zonas residenciales que conforman el monasterio moderno. Impresionante, lo mires por donde lo mires.

Foto: Anilsharma26 en Pixabay

2- Rinpung Dzong, en Paro

Paro, la capital y ciudad de referencia para visitar el Nido del Tigre, ofrece uno de los escenarios urbanos más animados del país, a lo que sin duda aporta albergar el cercano aeropuerto internacional.

Entre sus atractivos, destacan el templo budista de Kyichu Lhakhang del siglo VII, reconocido como el más antiguo del país. La visita al mercado local es también imprescindible, y los que quieran profundizar en la cultura butanesa deben dedicar unas horas al Museo Nacional de Bután.

Pero el plato fuerte de Paro se llama Dzong Rinpung. Esta “fortaleza sobre un montón de joyas”, traducción de su nombre, se muestra como una construcción compacta que alberga instituciones políticas. judiciales y culturales, siendo también sede de los momentos más vistosos de la celebración del festival Tsecho de la localidad. La visita al interior de este castillo monasterio ofrece bellos murales.

 3- El gran Buda Dirdebma, en Timbu

Esta estatua de Buda en bronce de más de 40 metros es otro de los iconos del listado de qué ver en Bután. Se levantó con motivo del 60 cumpleaños del cuarto rey Jigme Singye Wangchuck, formando un gran complejo escultórico de 100.000 piezas de color dorado. Su construcción dio por cumplida una profecía de uno de los yoguis más célebres del pasado siglo, Sonam Zangpo, que anunció que ahí se levantaría una estatua de Padmasambhava (Buda) para “otorgar bendiciones, paz y felicidad a todo el mundo”.

Se ubica sobre las ruinas de un antiguo palacio que dominaba la cara sur de la capital de Bután, Timbu, realizando un gran esfuerzo económico. Según Wikipedia, la obra costó 100 millones de dólares, bien empleados, a juzgar por la devoción que levanta entre los butaneses pese a su reciente construcción en 2015.

Desde aquí es posible disfrutar de una de las mejores panorámicas sobre Timbu, así como del parque natural Kuensel Phodrang.

4- Tashichho Dzong, en Timbu

La capital de Bután ha crecido mucho en las últimas décadas, en la actualidad cuenta con cerca de 200.000 habitantes, la mayor concentración humana del país. Ubicada a más de 2.320 metros de altitud y a unos 90 minutos de Paro en coche, su centro es tranquilo, casi tanto como la impresionante naturaleza que la rodea.

El dzong de Tashichho es su edificación más singular e importante, por albergar la sede del gobierno y la administración religiosa central. Algo posible, gracias a la dimensión de esta fortaleza, una de las más grandes del país, y famosa por los jardines. Pese a su función, es posible visitarla, incluida la sala del trono, si bien conviene informarse y reservar entrada con la mayor antelación posible, ya que el horario es muy reducido.

5- Punakha Dzong, en Punakha

Foto: Rutas 10

Quizás te resulte más familiar su sobrenombre, Palacio de la Gran Felicidad. Así es como se conoce a este dzong ubicado en Punakha, la ciudad que fue capital butanesa hasta su traslado a Timbu en 1955.

Su preeminencia política llenó de historia a su famoso dzong, puede que el más bello del país por lo equilibrado de su arquitectura. Aquí se coronó el primer rey de la dinastía Wangchuck y se casó el actual, además alberga las reliquias más importantes de la escuela tibetana Rangjung Kharsapani.

Su fundación data de 1638, la segunda más antigua que podamos visitar en el país. En la actualidad es una construcción de seis pisos de altura con una gran torre central que se enmarca en el paisaje verde y montañoso. Pero su mayor singularidad y encanto la ofrece su ubicación en la confluencia de dos ríos.

Sin duda, es más que aconsejable pasear por sus alrededores. El camino debe llevar a un puente cubierto de madera con rica ornamentación y, más alejado, otro mucho más largo que conduce a unos campos de arroz.

6- Chimi Lhakhang, en Punakha

Similares campos de arroz rodean al monasterio de Chimi Lhakhang. En este caso, su sobrenombre es el de Templo de la Fertilidad, ya imaginas, por su popularidad entre las parejas en busca de bendiciones para su descendencia.

Este monasterio está consagrado a un monje del siglo XV que llegó hasta aquí desde Tíbet predicando el budismo. El monje Drukpa Kunley (o Kunga Legpai Zangpo) forma parte del grupo conocido como “locos divinos”, en este caso por impartir la iluminación a través de las relaciones sexuales, lo que le llevó a ser conocido como el santo de las 5.000 mujeres.

Sobran más explicaciones, aunque quizás sí que convenga una. Si el viajero ve a alguna mujer sosteniendo un gran pene de madera mientras rodea el templo, debe saber, que está cumpliendo con un rito tradicional de buenaventura en la fertilidad.

7- Trongsa Dzong en Trongsa

Foto: Postak en Pixabay

Llegamos ahora a la fortaleza monasterio más grande de Bután. Se ubica en un espolón de una zona rocosa y boscosa y en torno a ella se organiza la vida de esta pequeña (no llega a los 3.000 habitantes) pero histórica localidad.

La imponente construcción de 1644, despunta entre la indómita naturaleza de esta región desde la que la familia Wangchuck se erigió como la dinastía butanesa en 1907. De hecho, antes de ser designado rey, se ostenta el cargo de gobernador (penlop) de Trongsa, lo que convierte en príncipe heredero.

8- Valle de Phobjikha

Foto: Melodylgoh en Pixabay

Una de las zonas que permite contactar con la cultura butanesa más pura. El valle de Phobjikha es aún poco visitado, pese a contar con el bello Monasterio de Gangtey, que conviene visitarlo en primer lugar para, desde lo alto de la colina en la que se erige, disfrutar de los paseos que aguardan.

Y es que esta región ofrece bellos paseos entre bosques, praderas y tierras de cultivo de calabazas y patatas, en donde sorprenden escondidas las granjas y numerosas estupas, que ofrecen un buen lugar para descansar. Unas caminatas que, por supuesto, debes hacer acompañado.

9- Centro de Información de la Grulla de Cuello Negro, en el Valle de Phobjikha

Uno de los atractivos del Valle de Phobjikha es su riqueza ornitológica. Y entre todas las especies que se pueden avistar, es famosa la grulla de cuello negro. Esta ave se cría en la meseta tibetana para en invierno volar hacia China, al norte, o la India, al sur. Se trata de una ave protegida y venerada por estas tierras en la creencia budista.

Para disfrutar de su contemplación y significado cultural, lo mejor es pasar unas horas en el Centro de Información de la Grulla de Cuello Negro.

10- Cultura culinaria

Un país celoso de su tradición debe contar con una cocina singular. Y así lo hace Bután. Así que en este listado sobre qué ver en Bután, no podía faltar un apartado dedicado a su gastronomía.

Ajo, jengibre, arroz blanco y rojo y mucho, mucho chile son algunos de los sabores que caracterizan una tradición en la mesa eminentemente vegetal. El queso (datshi) y la mantequilla (que aquí se usa con profusión) son otros de los ingredientes más característicos de su despensa de los no nacidos en la tierra. En cualquier caso, también es posible comer carne (muy popular la de yak) y pescado (habitualmente de agua dulce, como manda la orografía del país).

Uno de los platos más característicos es el ema datshi. Este guiso incluye chile (verde, rojo o blanco) y queso, y en sus variaciones puede sumar patata o champiñones. Por fortuna, para aplacar el uso del chile se puede recurrir a la cerveza (chang), si bien los lugareños recomiendan el yogur o el arra, un destilado, mayormente de arroz.  

Los momos, unas bolas de masa hervidas rellenas de queso (ya lo hemos advertido, ingrediente sempiterno) y/o carne se encuentran también en la mayoría de establecimientos. Al igual que el gondomaru, huevos revueltos con mantequilla.

En los bellos cuencos de madera donde se sirven los alimentos también se puede disfrutar de legumbres, servidas con arroz, y pasta.

La leche de yac también reina en los postres. Budines de frutas, pannacottas, yogures y helados son muy habituales. Los shakam eezay (buñuelos de harina, agua y azúcar) y las khabzey (galletas muy dulces y crujientes) serán bienvenidos por los paladares amantes del dulce, y es que en Bután hay sabores para todos los gustos. 

Foto apertura:  Impradip e Pixabay Fotos

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